Javier Oliva: “El público no es idiota”

Por: Jorge García Martínez-Arrarás

Javier Oliva

Javier Oliva. Fuente: Jorge García Martínez-Arrarás

Periodista y escritor de nutrida trayectoria, Javier Oliva acaba de publicar su quinta novela, Lo que esconde tu mano izquierda, después de que la anterior, Cruzar el río, le valiese ser finalista en el Premio de Novela Fernando Lara en 2012. Además, publica regularmente en su blog Lo que se me pinta.

Acabas de publicar Lo que esconde tu mano izquierda, tu quinta novela, sobre las variadas opiniones que se pueden formar sobre una sola persona. ¿Está inspirada en algún hecho concreto? ¿Es una historia con mensaje o moraleja?

 Es una obsesión que he tenido siempre que he acudido a un funeral, tratar de adivinar qué estaba pensando cada uno de los asistentes. Porque, está claro, todos piensan algo distinto. Y esa en sí es la moraleja de esta historia, que el ser humano es un ser complejo al que es difícil catalogar con una opinión. Además, cuando pensamos, nos basta con un calificativo para etiquetar a alguien y hacerle un hueco dentro de nuestro catálogo personas: este es un imbécil, aquel es un buen tipo… El ser humano está hecho de mil millones de matices diferentes. Si ni siquiera somos capaces de definirnos a nosotros mismos, ¿cómo vamos a hacerlo con un tercero?

Con varios personajes narrando sus puntos de vista, el libro toma características de una novela coral. ¿Habías escrito algo antes con esta técnica? ¿Cuáles son los retos de escribir así frente a tener un solo punto de vista principal en la historia?

 Yo no la calificaría de novela coral sino de “novela fragmentada”, porque cada personaje se ocupa de sí mismo y del difunto, creando una especie de relato vis a vis muy estanco. Con anterioridad, ya hice una tímida incursión en la novela coral con La Torre del Gallo en la que hay casi treinta personajes. La historia gira alrededor de la vida pasada de uno de ellos que, curiosamente, es el que menos protagonismo tiene. El resto se basta y se sobra para sostener el argumento. La dificultad que entrañan novelas como estas es la capacidad del escritor para definir la personalidad de cada personaje, y hacerlos coherentes y verosímiles dentro de la trama. Hay que ponerse en el pellejo de cada uno, hombre, mujer o niño, joven, adulto o anciano. Es un verdadero ejercicio de empatía. No siempre sale bien porque, por ejemplo, yo nunca he sido una mujer anciana, y me temo que nunca lo seré.

De las novelas que ya tienes publicadas, ¿Cuál es tu favorita personal y por qué?

¿Cuál de los cinco dedos de una mano te dolería más si te lo cortaran? Esta pregunta retórica, como “a los hijos se los quiere a todos por igual”, es la que responde a esta cuestión. Cada una de mis novelas tiene un sentido para mí. Unas porque me hicieron dar el salto a publicar, otras porque dejaban constancia de cierta época de mi vida que marcó un antes y un después, otras porque ilustran lo que pienso acerca de la vida, del Hombre, de la sociedad, de lo que me gusta y de lo que no. Todas las he hecho con la misma ilusión y las mismas ganas. Y como a los hijos, a todas defenderé.

¿Tomas inspiración de otros escritores en tus obras? Si es así, ¿De cuáles?

De otros escritores, de otros personajes, de la vida misma. Por supuesto que hay escritores en los que te fijas más que en otros… Desde muy joven, me gustaban aquellos autores que hablaban de cosas que tenían que ver únicamente con el ser humano, sus emociones, sentimientos y sobre todo su conciencia, esa voz interior que nunca te deja en paz y que actúa como Pepito Grillo. Me han atraído y marcado novelas tan dispares como La náusea (Jean Paul Sartre), Crimen y Castigo (Fiódor Dostoievski), Cinco horas con Mario (Miguel Delibes), 1984 (George Orwell), El último encuentro (Sandor Marai), La guerra del fin del mundo (Mario Vargas Llosa), Crónica de una muerte a anunciada (Gabriel García Márquez), y otra serie de autores contemporáneos y poco conocidos pero muy buenos. Se aprende mucho con ellos y con sus textos. Te das cuenta de que el ser humano no ha cambiado demasiado en muchos siglos, y que a todos nos preocupa un poco lo mismo.

¿Qué proceso sigues desde que tienes la idea para una novela hasta tenerla escrita y publicada?

 Cada escritor sigue un proceso distinto. No hay ninguno mejor o peor. En mi caso, antes surgía un chispazo que engendraba casi el argumento en sí mismo. Ahora ese chispazo lo único que hace es poner un punto de referencia en la novela, una idea simple y llana como, por ejemplo, el amor de un abuelo por su nieto que contó J.L. SamPedro en “La sonrisa etrusca”. Después empiezo a construir el argumento, y lo escribo en muy pocas páginas, como un relato corto. Una vez que compruebo que puedo trabajar con él, escribo un guion que puede irse a medio centenar de páginas. De forma paralela voy trabajando en escoger personajes y describirlos, puntos que quiero reforzar, giros argumentales para no aburrir al lector… Cuando termino el trabajo creativo más duro y la estructura de la novela es sólida, me pongo con el proceso de redacción. El guion me lleva de seis meses a un año, y la redacción lo mismo. Nada más terminar, descanso un par de semanas y acometo un proceso de reescritura muy entretenido que me puede llevar también varios meses. A partir de ahí, corrección pura y dura, es decir, saco el machete y me cargo todo lo que sobra, retoco personajes, situaciones, observo el ritmo… Y, por último, se la paso a personas de mi confianza que la leen y me dan su opinión. Total, que se me puede ir como mínimo más de año y medio desde que tengo el chispazo hasta que la doy por terminada. Finalmente, tengo la gran suerte de tener una editorial que, de momento, hace caso a mis manuscritos y, con enorme fortuna para mí, suele publicarlos. En definitiva, desde que me surge la idea hasta que la veo en las librerías es fácil que pasen tres años.

Supongo que esta pregunta te la habrán hecho miles de veces, pero ¿Cómo nació tu amor por escribir?

 Sinceramente, no tengo ni idea. Desde muy niño, estoy hablando de cuando tenía cuatro o cinco años, mi imaginación ya me transportaba muy lejos de la realidad. Me encantaba ver en la televisión o en el cine aquellas películas de aventuras de los 50 y los 60, y disfrutaba montando mis propias historias. Mi buena memoria me ayudaba a conservarlas dentro de mi cabeza, pero hay un momento en el que te exiges algo más de seriedad y tienes que tirar de papel y bolígrafo. Cuando empecé a escribir, apenas debía tener 10 años. Entre los 14 y los 18, escribía lo que llamaría “novelitas de adolescentes”, puro sentimiento inconfesable porque, a esa edad, crees aún que las cosas te pasan a ti solo y no las das a leer. Así un día me dio por dejar a alguien uno de mis manuscritos, y parece ser que gustó. Poco a poco me puse a escribir sin ninguna regularidad, a saltos que podían durar incluso años. Con 25 años por fin tuve una novela con cierto peso argumental y estructural. Espasa Calpe la valoró y me dijo que para ser mi primera novela y haberla escrito en tres meses no estaba nada mal, pero que tenía muchos errores de principiante. No la publicó, pero me animó a seguir. Y eso fue lo mejor y lo peor que pudieron decirme.

¿De qué modo han influido tus estudios de periodismo en tu manera de escribir?

 Yo estudié periodismo porque no había ninguna carrera de literatura propiamente dicha. Además de gustarme escribir (en esa época me daba por escribir novela negra), tener carné de periodista es lo más parecido a tener una placa de policía, vamos que mucho del trabajo se centra en la investigación de ciertos hechos y casi puedes colarte donde te da la gana. Y a mí esos dos mundos me apasionaban. Luego te das cuenta de que el periodismo no es lo que se enseña en la facultad, que es mucho más extenso y profundo, que hay mil formas de hacer periodismo. Tardé muchos años en verlo y descubrir que, efectivamente, hice bien en estudiar esa carrera. Pese a ello y a todo lo que aprendí, creo que mis estudios en la facultad no han aportado mucho a mi manera de escribir. La facultad no enseña a redactar. O sabes, o no sabes.

Además de las novelas, escribes reportajes de viajes y llevas un blog, en el que en general (aunque no sólo) tratas temas de actualidad, a veces con cierto cariz político. Esta faceta política, ¿es exclusiva de los artículos o también la introduces en tus novelas?

 El hombre es un animal político como decía Aristóteles. Mi blog lo utilizo para dar una opinión alejada de la propia política y centrada sobre todo en el sentido común, algo que se ha perdido desde hace tiempo, supongo que desde hace siglos. No es algo actual. La gente se mueve por ideas sin pararse a pensar las consecuencias que tienen. Pero la gente se aferra a ellas, y cuando esa cerrazón se lleva al extremo, se convierte sólo en ideales, quimeras, retos inalcanzables. Ahí es donde me gusta meter el dedo, criticar a esa serie de desaprensivos ávidos de poder con el pese a quien pese. Me da igual si son de un extremo o de otro. Son igual de peligrosos. Todavía no conozco a ningún moderado que haya llevado un país a la ruina. Todos han patinado por la derecha o por la izquierda. Todas estas cuestiones quedan mi blog porque son opiniones duras y directas. Al fin y al cabo, la política para mí no da mucho más de sí. Además, es consecuencia de la trayectoria de un país, de su evolución, de su educación…, es decir, de aspectos más sociales que son lo que a mí me gusta tratar en mis historias.

El mundo de la literatura, como casi todas las demás industrias culturales, vive en la actualidad una fuerte crisis, en parte propiciada por los cambios tecnológicos, pero también por una juventud posiblemente más desapegada de la cultura. Como escritor, ¿Cuál crees que es el futuro de la literatura (y de las industrias culturales en conjunto)?

 Si lo supiera tendría la llave para hacerme de oro. La crisis que acoge a editoriales, discográficas, etc…, viene provocada porque no han sabido adaptarse al cambio que ha habido en los hábitos de consumo y en la nueva forma de consumir. La cultura es un negocio, y sobrevivirá porque siempre habrá fórmulas para ganar dinero. La industria debe adaptarse a la nueva sociedad. Si solo mira por el dinero terminarán como supermercados de marca blanca. Si miran un poco más calidad y la manera de ofrecer sus productos sin tantas trabas, podrán sobrevivir de mejor manera. Deben hacer un esfuerzo de imaginación mirando al largo plazo, no al corto. El público no es idiota. Mira lo que está pasando con las plataformas de auto-publicación. Ha habido avalancha de autores que se han auto-publicado en estos portales. Ahora los lectores están muy escarmentados; pagaron 1 € por muchas novelas sin valor. No todo vale, la calidad, el talento y el trabajo tienen precio. ¿Cuánto? Seguramente más de 1 € por obra en el caso de los libros, pero también menos de 20 € por un ejemplar digital, muchísimo menos.

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